¿Por qué requerimos esforzarnos tanto?

Mauricio Priego 12/Oct/2011 3
¿Por qué requerimos esforzarnos tanto?

En una mañana fresca y luminosa de los días de la creación, el primer hombre se encontraba maravillado observando a Dios crear nuevas especies de animales, aves y peces. Con creciente interés veía como cada nuevo ser, al despertar a la vida, recibía de su creador su nombre, las tareas que habría de realizar a lo largo de su vida, y la duración de su existencia en la tierra.

Mientras el sol se alzaba en el horizonte surgió de las manos del creador el Burro a quien dijo:




– Te llamarás Burro y vivirás 40 años, durante los cuales trabajarás arduamente para ganarte tu sustento. Deberás levantarte muy temprano a encargarte de tus faenas llevando y acarreando grandes pesos a donde sea necesario, contentándote con breves descansos para comer y para descansar en la noche… Sí, serás Burro.

– Señor, – le contestó el burro – trabajaré tan arduamente como dices de sol a sol, agradeciendo la oportunidad de existir y tener trabajo. Pero 40 años… es mucho. Te pido, por favor, que por lo menos los reduzcas a 20.

Con amoroso gesto Dios aceptó sus ruegos y continuó con su labor creadora hasta el medio día, momento en que creó al perro.

– Te llamarás Perro y vivirás 30 años. Cuidarás del hogar saliendo únicamente cuando te saquen a pasear. Recibirás a los invitados con fiestas moviendo el rabo y ahuyentarás a las visitas indeseables con tus gruñidos, alimentándote de las sobras de la mesa de tu amo… Sí, serás Perro.

– Señor, – le contestó el perro – será como dices pero, 30 años, es mucho. Te agradeceré si me concedes vivir solo la mitad.

Nuevamente el señor sonrió a su criatura escuchando sus ruegos retomando su labor. Hacia el atardecer concluyó su trabajo creando al mono.

– Te llamarás Mono y vivirás 20 años. Entre muecas y gestos graciosos te ganarás tu sustento, brincando de árbol en árbol buscando seguridad y refugio para la noche… Sí, serás Mono.

– Señor, – le contestó el mono, – acataré tus mandatos pero, 20 años, es mucho. Te agradeceré que me concedas vivir tan solo diez.

Mientras el sol se ocultaba en el horizonte volvió el Creador su faz hacia el hombre y le dijo:

– Estás llamado a ser el rey de la creación. Todos los animales, aves y peces que has visto estarán bajo tus órdenes acatando tu voluntad. Podrás hacer uso de ella y disfrutar de todas sus maravillas… Vivirás 30 años.

– Señor, – contestó el hombre mientras observaba el mundo vibrante de vida que se extendía ante él – agradezco tu bondad y obedeceré tu palabra, pero 30 años, es muy poco. Te pido tengas misericordia y me brindes los 20 años que no quiso el burro, así como los 15 del perro y los 10 del mono.

Dios nuevamente escuchó a su criatura, y con una sonrisa, concedió sus deseos.

Y desde entonces el hombre vive sus primeros 30 años como rey, teniendo fuerza, galanura, así como quien le sirva gran parte de ese tiempo satisfaciendo sus necesidades. Después vive 20 años trabajando de sol a sol como burro, cargando con el peso de procurar su sustento y el de los suyos. Posteriormente tiene los 15 años del perro quedándose solo en casa ya que los hijos se han ido, requiriendo su apoyo para completar su pensión y haciendo fiestas cuando van a visitarle. Y finalmente, en el ocaso de su vida, vive los 10 años del mono saltando de la casa de un hijo a la casa del otro según la posibilidad de éstos de cuidarle y  mantenerle, haciendo muecas y gestos graciosos para hacer brillar una sonrisa en el bello rostro de sus nietos.

¡Éxito!

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Nota sobre la autoría del artículo: El relato es una adaptación realizada al original distribuido hace algún tiempo a través de cadenas de correos. Lo comparto con ustedes ya que me pareció muy adecuado para reflexionar…

3 Comentarios »

  1. Monica 11/Ene/2014 en 9:41 pm - Responder

    100% verdadero!!

  2. Sandra Luz 06/Ene/2014 en 8:43 pm - Responder

    Muy bonito artículo “como siempre” pero triste al final, de hecho ya los padres pueden exigir legalmente a los hijos, porque no es justo que después de entregarles toda su energía, los hijos los olviden o los vean con malas caras, olvidándose de todo lo bueno que recibieron de ellos; es por eso que se modifico la ley, por tantos padres abandonados en los asilos y en las calles. Saludos,

  3. patricia mendoza 12/Oct/2011 en 8:06 pm - Responder

    Me parece un buen tema de reflexión.

    felicidades por la buena elección.

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